lunes, 26 de junio de 2017

Un odio inducido (20170626)

Un odio inducido      (20170626)

Jolie Totò Ryzanek Voldan

Teniendo en cuenta que hay toda una historia -de lo más vergonzoso en la actualidad- respecto de la persecución hacia la homosexualidad por el ejercicio de su sexualidad o la estereotipación (enseñar públicamente) de su orientación sexual, bien vale la pena extendernos un poco en el tema, para buscar su origen.

Y es que desde que la humanidad tiene memoria escrita (desde que surgió la propia historia), aparece documentada tal condición humana por diferentes causas o motivos, pero aparece en todas las civilizaciones, y dado que no es el objeto de este escrito hacer tal descripción, se obviará con la finalidad de tratar de descubrir el origen de tan nefasto (supongo, que concordaremos en que no es bueno odiar) sentimiento humano, toda vez que la especie humana es gregaria (que vive en comunidad) y no de manera aislada unos de otros.

En la historia conocida del mundo occidental hubo un suceso que marcó “un antes y un después” de sí misma (la historia), y fue la existencia (real o no) de una persona llamada Jesucristo, dividiéndose así la historia en: antes de Cristo (a.C) y después de Cristo (d.C). Cito lo anterior, como el mejor ejemplo del impacto de tal suceso dentro de la historia, mismo que ha influenciado al mundo occidental, y como el aparente origen del odio hacia la homosexualidad y todas las nuevas orientaciones sexuales existentes en la actualidad.

En torno al origen expuesto, hemos de tener en cuenta la historia del pueblo judío de aquel entonces, que estaba compuesto por tan solo las doce tribus judías (llamadas así, porque habitaron la región llamada Judea, que es la actual Palestina e Israel), y que cuando llegaron a la “tierra prometida”, ya estaba habitada por los descendientes de la antigua civilización babilónica.

Desde luego, los habitantes de la Judea del entonces (babilonios) tenían sus propias ciudades con templos erigidos a sus dioses (el Sol y la Luna), y alrededor de ellos se desarrollaba la vida económica de las ciudades, incluido el incipiente comercio de bienes y servicios, entre los que interesa destacar la prostitución masculina, pues los ingresos que tal profesión generaba eran precisamente, el sostén económico de los templos, sacerdotes y sacerdotisas.

Los judíos al darse cuenta de tal situación, entendieron que si una persona trabajaba para otros y no para sí misma, era señal más que suficiente para calificarla como una “incondicional servidora de otros dioses”, con lo que surge la persecución implacable de ellos (de los “prostitutos sagrados del templo”), llamados en arameo: “Quodeshim”.

A partir de este punto, en mayor o menor escala, con mayor o menor odio por servir a otros dioses y no “al verdadero y único Dios”, es que tiene sus orígenes la persecución y posterior odio hacia la homosexualidad en el mundo occidental, cristiano en su mayoría.

Luego de muchos siglos de persecución se olvidó completamente su origen, y se tornó al odio simplemente por su gusto sexual distinto al patriarcal impuesto por los dominadores, mismo que hemos heredado y aceptado de la manera más irracional que nos es posible concebir como seres pensantes.


Hoy en día cabe pensar seriamente tal sentimiento que nos ha sido impuesto durante siglos de una manera tan deformada e irracional, puesto ya ha sido incluida la homofobia dentro del listado de enfermedades mentales.

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