martes, 1 de marzo de 2016


Vieja, rica y pobre (20160301)


Llegado el otoño y el inicio del invierno de manera precipitada a mi vida, he tenido la fortaleza -creo- de arrostrarle poco más o menos con una especie de “control de daños”, dada la idiosincrasia que prevalece en nuestro país, porque acá todo mundo piensa en vivir hasta el último momento y en un gesto de enorme irresponsabilidad -creo- nadie piensa en planificar la mejor manera de morir.
Pues bien, yo creo que he dedicado mucho tiempo a planificar “no heredar problemas”, cuando menos, es por ello que llegué a la conclusión que cuando haya de partir de este mundo, no me llevaré más que la ropa con que me amortajen y el féretro que me contenga.
De esa cuenta, como nunca hice aprecio de las cosas materiales de este mundo, creo que solamente me llevaré los conocimientos que me ha dado la vida y mis estudios, el cariño de quienes así lo sienten, la admiración de algunos que han visto mi manera de vivir, y mis esfuerzos por sobrevivir en un mundo que me es completamente adverso por su idiosincrasia, legislación y falta de misericordia, por su negación a tener en consideración a todos sus integrantes y por una pésima distribución de la riqueza, pero sobretodo, a su increible obcecación por mantener un estado de cosas invariable y considerar que ello es bueno para todos, cuando es bueno -si es que cabe el calificativo- solamente para quienes detentan el poder económico y manipulan el poder político formal.
Teniendo en cuenta todo lo anterior, me he dedicado durante los últimos tiempos a tratar de no dejar problemas al momento de mi muerte, porque sinceramente, deseo morir en paz.
Espero sí, que haya quien me recuerde por lo auténtica que he procurado ser, porque no mentí, y quizá haya alguien que reproduzca algunos de mis escritos en tiempos futuros.
Realmente he sido una persona poco común que nació en una época que no correspondía, en un sitio equivocado o ¡Qué sé yo!, pero así he vivido y por ello siempre me ha tocado luchar por todo y contra todo, haciendo absolutamente todo lo imaginable -prostituirme incluso- que una persona es capaz de hacer para apenas llegar al momento de escribir estas cosas que me hacen rica en conocimientos y aptitudes, y muy pobre económicamente, al colmo que recibo la caridad que una buena persona hace al obsequiarme alimentos...
Pues bien, todo este entretejido lo cambiaré pronto, porque hubo otra maravillosa amiga que me ofreció tenerme en su casa hasta que muera, y yo solo deberé pagar la cuenta del agua, la luz y procurarme mis alimentos mientras pueda, lo cual -espero- logre financiar con lo que me den por mi participación en la copropiedad que heredara mi madre.
Solo espero lograr tener un empleo durante los días que pueda vivir productivamente, para que cuando ya no pueda, empiece a echar mano del dinero que perciba, y pueda morir en paz.

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