jueves, 3 de abril de 2014

Mis abuelitas... (20140403)

Mis abuelitas...   (20140403)



Hacia finales del siglo XIX e inicios del siglo XX, las mujeres "eran educadas" para ser autosuficientes en todos los quehaceres del hogar -que era donde realmente vivían-, porque era inconcebible que una mujer saliera de casa a otro sitio que no fuera a hacer las compras "del diario" (la tienda, abarrotería, tortillería, etc. -¡no habían supermercados!-) y a la iglesia.



Vestían faldas de colores oscuros y, para ocasiones especiales, como un velatorio por ejemplo, vestían de riguroso luto de pies a cabeza, con el común denominador para todos los casos, que sus faldas no debían dejar al descubierto más que la mitad de sus pantorrillas si es que eran jóvenes, porque las de las señoras, indefectiblemente llegaban hasta los tobillos...



Su vida discurría entonces en el seno interno de sus respectivos hogares y ellas se entretenían con los quehaceres de la casa y, cuando tenían tiempo leían poesía o, eventualmente, se visitaban entre ellas, las emisoras de radio eran tan malas que, era más la estática (bulla) que se escuchaba que aquello que se pretendía escuchar... Con todo y todo ¡Vivieron su época!, porque tampoco conocieron todo lo que hoy vemos como "parte de nuestro panorama cotidiano".



Pues bien, estas admirables mujeres sabían hacer de todo, desde cortar y acarrear leña, hasta ser la complaciente amante de su consorte, pasando por todas las tareas diarias de su bregar. Eran sumamente eficientes y ordenadas para tener listo todo antes que se lo solicitaran y siempre tenían una pronta solución práctica para enfrentar cualquier eventualidad que pudiera surgir.



Entre todo cuanto hacían, y es digno de admirar, sobresalen varias tareas que hoy no son "nada usuales" de ver en la mujer de hoy, como el hecho de saber esterilizar recipientes de vidrio en casa, para la preparación y conserva de alimentos -puesto que no habían refrigeradores, por ejemplo-, o preparar el tabaco, para "fabricar" los cigarros que fumaría su marido (recordemos que el matrimonio como institución surge hasta 1930 en Guatemala)... ¡Vaya que eran admirables!



Otra de las ocupaciones "habituales" de aquellas mujeres es que sabían coser a mano perfectamente, dominaban el crochet y el tricot, bordaban manualmente verdaderas obras de arte y hacían unos dobladillos (ruedos súmamente delgados) para luego colocar en ellos alguna aplicación que habían tejido...



Uno de estos quehaceres que he mencionado me fue enseñado pacientemente por mi bisabuela cuando yo era niña: aprendí a coser dobladillos, y mientras pasé la tarde y parte de la noche haciendo uno de ellos a un vestido que recorté estuve pensando en ella... la recordé con todo mi cariño, las lágrimas brotaron de mis ojos, porque ya no la veo desde que tenía 16 años... 



¡Lejos, muy lejos! estaba de saber que aquel conocimiento aprendido hace 48 años, ayer me sería de suma utilidad para modificar parte de mi guardarropa y, salir "bonita" a trabajar...



El principal orgullo de aquellas mujeres era que todos los de su casa lucieran impecablemente limpios y todo en sus hogares estuviera en orden y resplandeciente... ¡Eso era el objeto y sentido de su diario vivir!



Otro día compartiré más de cuantos conocimientos poseo y debo a mis recordadas y muy queridas abuelitas.



Jolie Totò Ryzanek Voldan

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