martes, 29 de octubre de 2013

Crónica de una muerte (20020923)

Mi primer acercamiento a la Crónica que fuera publicado en Canadá (no recuerdo mayores datos)

ORIFICIO:

Crónica de una muerte

Jolie Totò Ryzanek Voldan




De hace días he venido sobrellevando el deseo de mi propio encuentro con quienes me precedieron… es una sensación parecida a no sé qué, y la necesidad de escribirlo me surge para acallar mi sed de llevarla a cabo por mano propia, inmediatamente.
Quizá sea una tontería plasmarlo por escrito –pensaba–, pero el ímpetu de hacerlo pudo más, y mientras más lo meditaba, más vueltas me daba en la cabeza el deseo de iniciarlo. ¡Así que lo hice! ­me dijo para ocultar el sentimiento y la dicha de estar compartiéndome una parte de su vida mientras escribía.
Vaya idea la mía de apartarme de todo, porque ahora, más que antes, no tengo nada mejor que compartir aparte del sentimiento depresivo que me ha provocado el hambre que siento: Mi profunda decepción por la estéril prédica de misericordia entre hermanos de aquel único hombre-dios, que quedó en parábolas y hoy es una utopía que nadie practica… ¡Estoy completamente furibundo contra vosotros!: los que oyen, entienden y, de manera cínica, ¡no lo practican!
Es la tal utopía la que me tiene sumido en esta desesperanza, con esta gana de no hacer algo diferente… antes de morir –meditó en un momento de pobre lucidez– y… al momento sus dedos pulsaron de manera casi refleja el teclado para contar sus cuitas, mientras las lágrimas rodaban en veloz carrera hacia el piso inerme, que impasible aguardaba por ellas, era el principio de un final anticipado, eran el anticipo del cuerpo que pronto recibiría… puesto que cuanto más escribía, más lloraba y el ánimo de lucha por la vida le abandonaba de manera inexorable.
Aquel guiñapo de ser dejó de sentirse paulatinamente pusilánime, y a medida que escribía le invadía una extraña valentía que le empujaba a terminar con todo ¡de una vez por todas!
Con su último hálito de cordura se dijo: “Si realmente deseas matarte, bueno sería que explicases por qué lo haces, ya que luego surgen situaciones que no has contemplado para cuando ya hayas muerto y, al final, puede no hayas resuelto nada”… tomó el arma electa y… lloró amargamente sobre ella hasta que el cansancio y el sueño le vencieron aquella oscura noche…
Cuando llegó la aurora del nuevo día le envolvió con su abrazo y entonces vio que era un cuerpo sin alma… ¡dejó de escribir!

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