jueves, 24 de octubre de 2013

















El tercer sexo

(Autobiografía mínima de un@ Transgénero Femenina Bisexual)


Una advertencia indispensable

El presente escrito describe sucintamente algunos hechos reales de la vida de una persona Transgénero Femenina guatemalteca. Consecuentemente, no son una mera producción literaria de l@ autor@ con fines novelescos o pertenecientes al género del cuento… Son, en algunos casos y para algunas mentes cargadas de basura intelectual, hasta atentatorios contra la moral establecida por su contenido. La persona que los lea, deberá entender que hacerlo, implicará el conocimiento parcial (nunca el total) de las “interioridades” de la vida de l@ autor@ y ello NO LE AUTORIZA a utilizarlas para otro fin diferente al crecimiento de su acervo y el de los demás (o sea que, puede divulgar los contenidos y externar sus personales apreciaciones de ellas).
Igualmente, deberá dimensionar que si el contenido en esta obra es usado con fines que tiendan a peyorizar, difamar, fomentar la discriminación, o cualquier otro fin avieso en contra de la diversidad sexual, l@ autor@ hará uso del derecho constitucional que le acude de entablar la(s) demanda(s) en los tribunales correspondiente(s); si es que no lo hace “de oficio” el Ministerio Público, cualquier entidad, institución o persona que se sienta ofendida, difamada y/o damnificada.
La presente es, en suma, un extracto ilustrativo del grave problema existencial que enfrentan las personas con una sexualidad (reacción ante el sexo) “diferente” en la sociedad guatemalteca, y la ilustración clara de la estigmatización que sufren de manera tan injustificada.
Además, describe el comportamiento machista e hipócrita prevaleciente en un país tercermundista de finales del siglo XX e inicios del XXI; incluye también algunos de los agravantes que lo determinan, merced de la cultura de violencia que hemos heredado de un largo conflicto armado, y la “complicidad” (por omisión) del Estado, de algunas instituciones eclesiales y de otras de diferente índole.
Es un relato real que pretende de manera “valiente”, describir el entuerto del que adolece una sociedad enferma de ignorancia y cargada de prejuicios infundados, “manipulada” por una pequeña minoría que se niega a tener en consideración otros puntos de vista diferentes al propio… (Por ello es recalcitrante en cuanto a “su manera” de ver, pensar y analizar un hecho que acontece: la existencia de una diversidad sexual en la historia desde tiempos inmemorables).
La diferencia hoy en día es que los pocos espacios que se han abierto son resultado de una “forzosa aceptación”, y no son vistos como parte integral de la naturaleza del ser humano.
En palabras de la sabiduría popular se dice: “De todo hay en la viña del Señor”. Entonces, ¿Por qué es tan difícil que alguien enfrente la problemática sexual en nuestros países?… ¿Acaso no será porque se teme a la estigmatización que la sociedad hará con quien se atreva a ello?
Esto, aunado a lo que perciba con esta lectura, es el verdadero mérito que posee esta obra en cuanto a la apertura de mentes hacia otros puntos de vista y hacia la cultura, empleando ejemplos de la vida de su autor@.

L@ editor@.




Introducción

Toda persona desde su concepción posee dos cualidades: Su dignidad, que es su personal reconocimiento ante sí, frente, y por, los demás de su condición humana con el ejercicio de sus derechos y obligaciones y; su unicidad, misma que es el conjunto de características personales que le hacen diferente de los demás.
Estas cualidades hacen que cada ser humano sea lo que es y persiga las metas personales que cada cual se traza para sí mismo y los demás, surgiendo así, mediante la interrelación humana lo que se denomina: “Diversidad en la igualdad”.
Que para el presente caso ha sido la fuente de inspiración de este aporte que ¡ojalá!, sirva como punto de referencia para que otras personas vean en la presente autobiografía, reflejada(s) alguna(s) de su(s) personal(es) inquietud(es).
Quizá para otras sea un punto de referencia que les ayude a comprender el comportamiento y conducta de las personas de su entorno y logren valorarlas como “iguales dentro de la diversidad” que les circunda, y les brinden el valor que tienen como personas de igual categoría, con los mismos privilegios, deberes y oportunidades que ellos mismos poseen y/o aspiran.
En última instancia servirá, para quienes se ocupan de los temas conductuales, porque será “la piedra en el zapato” que les impelerá a ahondar en sus consideraciones y apreciaciones, toda vez que el conocimiento total de la humanidad existe en función del compartimiento del propio con los demás (por ello, precisamente, he querido compartir el mío).
Así pues, la presente pretende dar a conocer algunas de mis vivencias, contextualizadas en el entorno que me ha tocado vivir, para que las generaciones actuales y futuras logren asimilar de manera coherente (no mi vida, ya que cada cual hará la propia) sino aquello que he enfrentado en el devenir de mi corta vida como persona transgénero.
Deseo, sí, ubicar a quien me lea en mis zapatos para que valore mi lucha por ser yo mism@, criticando su personal actuar, además del comportamiento generalizado de la sociedad guatemalteca de finales del siglo XX y albores del siglo XXI; haciendo con ello, un intento de “cambio en la mentalidad” prevaleciente en ese contexto histórico, y sentar un precedente para la posteridad.
Desde luego habrán muchas situaciones cuestionables por las “construcciones mentales” de cada cual, sin embargo, la presente es el reflejo fiel de una realidad vivida, contextualizada en una coyuntura específica que nos conduce al análisis cognoscitivo del comportamiento personal y colectivo de aquello que es censurado por la sociedad guatemalteca contemporánea y, propicia una situación de intolerancia y discriminación hacia las personas con una orientación sexual “diferente” (ello es la “transfobia” –el odio a las personas transgénero y transexuales–).
Además, denota la monstruosa falta de misericordia cristiana (aunque la inmensa mayoría se confiese como tal) de la sociedad guatemalteca; logrando con ello colocar en una situación de exclusión inmerecida a las personas de la diversidad sexual guatemalteca, puesto que nadie puede escoger su sexualidad por sí mismo(a).
Por lo expuesto, y por otras razones que momentáneamente escapan de mi mente, he deseado compartir algunos pasajes de mi vida, con la firme esperanza de encontrar un pensamiento crítico–social…
¡Quizá algún día podamos tener una sociedad guatemalteca diferente, que sea más incluyente y menos aberrada!

L@ autor@.






Mi primera manifestación

En 1957 mi madre tuvo su último embarazo (las madres del entonces no mencionaban ni remotamente algo que tuviese “algo que ver” con sexo).
Conforme pasaron los meses, nos fue “vendiendo” la idea que íbamos a tener un nuevo hermanito o hermanita, puesto que aún “no había decidido que iba a ir a comprar” (vislumbre acá el concepto generalizado que se manejaba en la mentalidad de todos respecto de todo aquello que estuviera relacionado con sexo, ¡aunque fuera el legado precioso que Dios otorgó a los hombres para continuar su obra creadora!).
El último día de abril del año siguiente, como a las 11:00 de la mañana, mi madre nos dijo que: “-Elvira Hernández (nuestra muy querida ‘nana’ –provincialismo que designa a la mujer que ayuda en el cuidado de los hijos al ama de casa­–) iba a terminar de hacer el almuerzo, porque ella (mi mamá), iba a ir a comprar a nuestro nuevo hermanito”, y nos ordenó hacerle caso en todo mientras ella volvía. Tomó una pequeña maleta, su bolso y partió.
Cuando llegó mi padre a almorzar, se enteró de lo acontecido y, tras engullir (porque lo hizo a toda prisa) sus alimentos, ratificó lo dicho por mamá y salió presuroso de casa.
A eso de las 16:00 horas, volvieron mis padres a enseñarnos “al hermanito que habían comprado”… recuerdo que mi hermano mayor comentó al verlo: “tiene carita de viejito” (el mismo comentario que nuestro abuelo paterno había hecho de él al conocerlo); mis dos hermanas y yo dijimos que “estaba bonito, solo que estaba muy coloradito (refiriéndonos al color de su piel), mi mamá nos dijo: “después será igual que todos ustedes, lo que sucede es que como es nuevo, aún no tiene su verdadero color, ¡ya lo verán después!”.
Pasó el tiempo y yo, que todo lo hurgaba, encontré la faja que mi mamá había empleado para que su vientre volviera a su sitio (desde luego esto lo supe después)… me gustó tanto tocarla y palpar la finura de la prenda, que me surgió el deseo irrefrenable de usarla yo mism@, lo cual hice; la “robé” del cajón donde estaba guardada y la “escondí” para usarla después.
Posteriormente la usaba todos los días, auto–proveyéndome así(pese que aún era impúber), una satisfacción personal tan especial que las palabras son insuficientes para describirla.
Como era de esperar, puesto que era un niño, travieso y juguetón, “mi especial prenda” se ensució de tal manera que debí prescindir de su uso por lo maloliente que estaba y, como no podía lavarla libremente, la “escondí” entre mi ropa esperando el momento apropiado para hacerlo…
Cierto día, al volver de estudiar, mi madre me llamó, y cuando estuve ante ella, me enseñó la prenda increpándome con una voz que nunca olvidaré: “–¿Qué significaba que su ropa estuviera entre la mía?” (Vea que manera de recriminar arguyendo abuso o desorden y no sexualidad) y, sin más, tomó un cincho y me propinó una azotaina increíble e inolvidable…
Mis hermanos no prestaron atención a lo sucedido, ya que como fui un niño sumamente travieso, una paliza más o una menos no cambiaba “la costumbre diaria” (realmente, son pocos los días que no me tuvieron que pegar para corregir mi proceder… siempre dijeron que fui “la oveja negra de la familia”, por travieso, rebelde, terco y tozudo, ¡para colmo de males!).



49 años de auto–represión

Sin embargo, muy dentro de mí guardaba aquella sensación “tan especial” que me proporcionó el uso de aquella prenda (el problema para mí no era usarla –¡Qué iba a saber de sexo a los nueve años!, si nadie mencionaba nada del asunto–, el problema era que se ensuciara y la encontrara mi madre), por lo que me hice aquel día la promesa a mí mismo de “no volver a usar prendas femeninas, hasta que pudiera hacerlo con libertad y, reprimir con todas mis fuerzas, aquel deseo mío de ¡ser mujer!…”
De ahí en adelante no hay mucho que contar, puesto que me desarrollé como niño y como varón, para cumplir aquella promesa.
Quizá como dato de referencia en cuanto a la fortaleza de mi palabra, les deba compartir que siempre tuve otras inquietudes y, al haber “llegado al tope” en mi formación escultista (en la extinta Asociación de Scouts de Guatemala), hubo alguien que tuvo la idea de solicitar a los kaibiles (grupo élite especializado en supervivencia y lucha anti-guerrillera del Ejército de Guatemala del entonces), que “nos enseñaran” sus técnicas de supervivencia a un grupo selecto de scouts especialistas en campismo, a lo cual accedieron; se organizó el evento denominado: “Carazamba”, puesto que poseíamos la limitante (a ojos de los kaibiles) de no matar, lo cual para ellos era casi un “acto reflejo”.
Entre los cerca de 40 “seleccionados” estuve yo.
Al inicio del evento anunciaron que: “aparte de la calificación de cada equipo (de 10 a 15 personas cada uno), habría una calificación individual para seleccionar a los 10 mejores de todos” y, ¡claro!, ¡yo deseaba ser un@!, pese a mis 37 años de edad, dos hijas y un divorcio.
Aún recuerdo los comentarios dirigidos a mí por algunos participantes en aquella tremenda prueba: “¿Vos, cómo aguantás tanto sin ‘darte por vencido’?”, yo les decía: “Lo que sucede es que la fuerza y la juventud que ustedes poseen no se compara con la fuerza de voluntad que yo tengo por ser viejo” (la verdad era que yo me lo había prometido a mí mism@ –al igual que aquella promesa que guardaba “tan celosamente” dentro de mí–).
Finalmente, salí vivo de aquella “prueba matadora” y aprendí muchísimas cosas que me han sido muy útiles durante mi vida, pero la más importante fue: demostrarme a mí mism@ que las promesas que me hago, son verdaderamente firmes (aunque hubo momentos que lloré –por la parte femenina que siempre tuve–) por mi impotencia ante los obstáculos que se me presentaron y la falta de fuerza física para seguir adelante; aunque finalmente lograba superar todas las pruebas y demostrar que pese a ser un@ viej@ comparado con todos, los superaba en varios aspectos.


Un “especial” accidente

El 4 de abril de 1997 sufrí un terrible accidente de tránsito… me fracturé en 17 partes distintas la pierna y cadera derechas, por lo cual fui sometido a 34 intervenciones quirúrgicas y estuve suspendid@ de labores por el seguro social durante ¡nueve años!…
Por ese tiempo, escribí mi primer libro de poesías (por cierto hay muy poco “rescatable” en él en términos literarios) titulado: “Sentimientos”.
Me dediqué a pensar qué haría con mi vida, por cuanto mis dos hijas habían crecido y se habían casado, mi segunda esposa (ya me había divorciado de la madre de mis hijas) prácticamente me abandonó, la empresa para la cual laboraba cerró operaciones y yo no quedaría en condiciones de retornar a lo que hacía (era vendedor de licores y abarrotes)…
Aquel momento pensé, al hacer un repaso de mi vida, que sería acertado para mi futuro: hacer todo aquello que había dejado de hacer anteriormente, porque si únicamente tenía una vida, podría morirme en paz el día que me tocara, al haber hecho cuanto quise en este mundo. Dejé “pendiente” mi deseo de ser mujer, ya que era lo único que de momento “no encajaba” en mi planificación para el futuro inmediato.
Aún usando muletas (las usé durante tres años) para movilizarme, un ex compañero de universidad me procuró un empleo por contrato con el Estado; lo que me demostró que podía ser una persona útil y productiva, y paralelamente, que todo cuanto sabía “no servía de nada”, por cuanto la computación (yo no sabía ni encender un ordenador)  había irrumpido en el mundo y todo se manejaba por ese medio… Lejos de arredrarme por mi ignorancia, fue un acicate para mi innato deseo de conocer más, y me dediqué a aprender sus usos.
Paralelamente y al no poder optar al sacerdocio por estar casado eclesialmente, me dediqué a estudiar Teología, culminando la carrera de forma satisfactoria cuatro años después.
A todo lo anterior, mi madre (mi padre ya había fallecido), empezó a denotar que su final estaba próximo, mediante enfermedades que se complicaban y/o se le tornaban crónicas, amén de “demostrar” con sus actitudes que seguía viva solo por mí, al ver que yo tenía limitaciones físicas y yo no tenía quien (mi madre fue criada con la mentalidad que “la mujer debe atender a los hombres de su casa”) me ayudara, ello me obligó moralmente a no abandonarla hasta el fin de sus días, aunque no hiciera nada por ella, más que hacerle sentir “que estaba bien atendid@”, aunque debiera atenderme sol@.
Previendo el inminente final de la vida de mi madre, pensé en torno a mi próximo actuar y vislumbré esa ocasión como el momento ideal para el cumplimiento de mi deseo de ser mujer, y organicé mi futuro accionar ante el suceso…
Empecé a hacer un listado mental de las personas y el orden que debía mantener para hacerles saber mi “muy viril decisión de ser mujer”.



Un primer encuentro

Aspirando el humo de un cigarrillo al inicio de una soleada tarde de verano, observé venir dos lindas mujeres que me eran desconocidas hasta entonces, puesto que llevo viviendo en el mismo lugar más de cuarenta años; así que fijé mi atención en la visión que se presentaba a mis ojos… las dos bellas damas que con el ritmo cadencioso de su andar se aproximaban a mí y, ¡sorpresa!, ellas igualmente me miraron, se sonrieron entre sí y luego conmigo, lanzándome un: ¡hola!, que al escuchar el timbre de sus voces deduje que se trataba de dos homosexuales con una silueta que cualquier mujer envidiaría; respondí con otro: “hola”, y continué estupefacto mi observación hasta que desaparecieron por la esquina…
Quedé reflexionando y reviviendo aquel momento, como intentando “organizar” mis ideas, pensamientos y reflexiones, por cuanto iban desde la sorpresa, ante el cuestionamiento de “la moral” que me había sido inculcada, pasaba por el ejercicio de la libertad de expresión de la sociedad contemporánea, y el deseo lujurioso de poseer aquellos hermosísimos cuerpos… amén del imperioso deseo de conocer más respecto del “logro” por ell@s obtenido.
Vanamente esperé su retorno fumando como chimenea, cigarrillo tras cigarrillo, hasta que mis esperanzas se agotaron aquella tarde, que ya era noche.
Los días siguientes fueron de constante espera, porque mis miles deseos y curiosidades en torno a ell@s eran inmensos (¡quería saber cómo lo habían logrado de manera tan perfecta!)… contaba los minutos, las horas y hasta los días ansiando un nuevo encuentro, ensayando conmigo mism@ una hipotética conversación de conocimiento mutuo que nunca ocurrió, puesto que ell@s no volvieron a pasar frente a mi casa.
Las inquietudes me brotaban a borbotones y no me dejaban en paz; así que decidí que debía hacer, cuando menos, un intento para ubicarl@s… me lancé a una investigación para lograrlo, ¡y lo conseguí!
Me apersoné a la puerta de la vivienda que ocupaban, toqué y me presenté, indicándoles que deseaba conversar con ell@s, puesto que tenía algunas preguntas e inquietudes que deseaba compartirles.
Con un gesto de extrañeza de ell@s, pero cordialmente, iniciamos una conversación franca en cuanto a su manera de vivir y ser, constatando que eran de origen hondureño, que pese a haber nacido hombres, habían adoptado la vida de mujeres, y por “carecer de papeles en país ajeno”, se sostenían mediante el otorgamiento de favores sexuales a cambio de dinero [se prostituían]; que hacían todo tipo de favores sexuales, porque pese a sentirse y vivir como mujeres, no podían olvidar el placer que les otorgaba su sexo biológico de hombres, por lo cual podían ser “versátiles” al momento de la cópula si “su cliente” lo solicitaba; relatándome algunos de los casos vividos con personajes de la vida nacional [adrede olvidé los nombres por razones obvias] que eran “sus clientes habituales” y gastaban con ell@s sus abultados salarios, logrando así, su “plena satisfacción” (¿?).
Que habían muchas más como ell@s y estaban “organizad@s” [Colectivo Trans “Reinas de la Noche”] para evitar competir entre sí por “los clientes”, teniendo cada cual “su lugar de trabajo”, y por medida de protección mutua ante las agresiones de autoridades y ciudadanos en general. La más joven de ell@s, Válery, era la reina del colectivo, mientras que la mayor, Bárbara, fungía como tesorer@ del mismo conglomerado; y que se reunían cada mañana de domingo en un local que les había cedido la Organización de Apoyo para una Sexualidad Integral libre de Sida (OASIS).
Con todo este bagaje de nuevos conocimientos y palpando “el arrojo que poseían” para ser lo que eran y correspondiendo al compartimiento de sus historias conmigo, me solicitaron que las llevase “a su lugar de trabajo” aquella noche, a lo cual accedí de buen talante, puesto que valoré todo aquello que me habían confiado de manera franca y sin ningún tipo de tapujos.
Feliz y satisfech@ por lo recién aprendido, dispuse analizarlo en casa y me tomé algunos días de reflexión, durante los cuales me surgieron algunas dudas más, por lo que me dediqué a informarme al respecto; así descubrí que mi orientación sexual no era completamente heterosexual, pero me negaba a definirme como homosexual, porque en realidad no me atraían los hombres, pero sí me atraían fuertemente las mujeres, las personas transgénero femeninas (que nacen con genitales de varón y viven como el sexo opuesto) y las personas transexuales (que han sido sometidas a una Cirugía de Reasignación de Sexo –CRS–, para cambiar sus genitales completamente), por lo que llegué a la conclusión (errónea a la postre) de definirme como una persona bisexual.
Me di a la tarea de buscar un nuevo nombre, lo cual conseguí haciendo un anagrama con las letras y sonidos de las letras de mi nombre de pila y mi lugar de origen, en francés; y adopté los apellidos de dos personas de la extinta Checoslovaquia con quienes tuve el placer de laborar en mis años mozos.
Con esas “armas”, me decidí a apersonarme a una actividad realizada en OASIS, ya que lo sí era claro es que era parte de la diversidad sexual guatemalteca.
Allí participé activamente (puesto que poseo un grado académico que me sustenta) en un foro que se desarrollaba en torno a la exclusión que hacen las religiones de las personas con orientación sexual “diferente” e intenté “aclarar” un poco el panorama en discusión; luego, me auto–presenté con la persona a cargo de la institución (OASIS), con quien de inmediato congeniamos y me puse a su disposición para colaborar en la medida de mis capacidades como corrector de textos, lo cual fue bienvenido de forma instantánea por mi interlocutor.
El paso anterior me abrió la puerta para ahondar mi conocimiento, mediante conversaciones con personas de la diversidad sexual, acrecentando así mi acervo en el tópico y tuve la preciosa oportunidad de trasmitir mis conocimientos a muchas personas que, por ser víctimas de la exclusión social, no los poseían…
Observé en la anterior circunstancia otra puerta que se abría ante mí, puesto que es muy satisfactorio poder servir a los semejantes mediante mis conocimientos; con mayor razón si los recipiendarios de ellos desean obtenerlos, ya que el sistema y sus familias se los han negado por su orientación sexual “diferente”.
De esta manera me enteré de las muy tristes historias de much@s (aproximadamente el 99% de ell@s) y, de los atentados y asesinatos de varias de ell@s (Bárbara –la tesorer@–, incluida).
Me enteré que existe una “laguna jurídica” en cuanto a la penalización o no de la prostitución, y por ello, eran objeto de todo tipo de excesos por parte de las autoridades y ciudadanía en general, por lo que la mayoría de las veces “funcionaban como caja chica de los elementos de la Policía Nacional Civil” o se veían “forzadas” al otorgamiento de favores sexuales de forma gratuita. Amén de “arriesgar” su personal seguridad constantemente, en aras de lograr su sustento diario.
Tomé conciencia clara del problema, en cuanto a que más que el problema personal de ell@s, era un problema social que poseía hondas y variadas ramificaciones (además de una serie de “lagunas jurídicas”), una injustificada exclusión de las personas víctimas de la transfobia; una extorsión de las autoridades hacia una parte de la ciudadanía que debían proteger, etc.
Todo ello renovó mi personal compromiso para luchar por el reconocimiento pleno de los derechos de la diversidad sexual en Guatemala y en el mundo, ya que ciertamente deseaba ser mujer, mas no por ello podía aceptar que ciudadan@s de la Guatemala del siglo XXI tuvieran que ser víctimas de semejantes atrocidades excesos y abusos de la sociedad que les integra.


Mi “salida del clóset”

Inicié mis cambios afeitándome completamente (primero la barba, y luego el bigote que usaba, luego llegué hasta los tobillos) y dejé de ir a cortarme el cabello; paralelamente principié una Terapia de Sustitución Hormonal (TSH) e inicié el estudio de Cosmetología y Esteticismo (so pretexto de tener “un oficio que pudiera desempeñar con mi minusvalía, para mi futura vejez”), lo cual concreté luego de dos años de estudios teóricos y prácticos.
Durante el último año de estudios la vida de mi madre llegó a su fin y tuve que vivir el tremendo impacto de su ausencia, por cuanto y pese a haberlo previsto, no estaba preparad@ para ello y tuvo un efecto verdaderamente devastador en mí.
Cuando me avisaron lo notifiqué a mis jefes, y escribí una pequeña nota con la información de las exequias (acorde a lo estipulado por mi madre en vida), me retiré y luego me dirigí a casa, donde lloré tristemente…, para luego caer en cuenta que toda la información proporcionada a mis jefes estaba equivocada, ya que mis hermanos (quienes pagaban todo), hicieron “todo lo que mamá no quería” (no usaron su sepelio pre-pagado, sino el mío; no la llevaron a la iglesia para su misa de cuerpo presente –tenía ese “derecho” por ser Guardia del Santísimo– y muchos detalles más que no viene al caso citar), lo que me hizo encolerizar y meditar, en medio de aquel cúmulo de sentimientos encontrados, mi actuar…
Estando en la funeraria, nos citaron a los hermanos, mi tío, sobrinos(as) y nietos(as) “para despedirla” en una capilla privada, tomé la palabra para expresar mi deseo de “respetar los deseos de mi madre, aunque fuera yo solo” y les dije que “de ahora en adelante iban a ser las cosas como yo decía, al menos para mí, y no como me habían obligado siempre a que fueran, puesto que como siempre, no me habían tomado en cuenta para nada” …el llanto quebró mi voz y solo pude agregar: “ya verán cuando tengan que entregar cuentas ustedes” …me retiré a la capilla pública donde se llevaría a cabo el velatorio y me encerré para calmarme un poco, el resto de las exequias de mi madre fueron de meditación en silencio y planificación de mis futuras acciones, en la medida que el dolor que me agobiaba lo permitía.
Posteriormente, a cada uno de los miembros de mi familia cercana le hice saber mi decisión de “cambiar de sexo”, confesando que les había mentido a todos durante casi 50 años de mi vida.
Ninguno hizo o expresó algún gesto o comentario de aprobación, antes bien, pude ver en sus rostros por vez primera, su gesto de “aceptación forzosa” ante una realidad incontrovertible, puesto que la última persona a quien yo debía obediencia absoluta acababa de fallecer.
Previendo que algunos creyeran que era una reacción mía ante el inmenso dolor experimentado por la falta de mi madre, insistí en mi exposición acerca de la “liberación” que había experimentado para ser finalmente yo mism@.
Una de mis hermanas me dijo enojadísima que “¡cambiara de nombre!, porque era el único que llevaba el de nuestro padre y ninguno deseaba que ese nombre se viese empañado por unababosada’ (vulgarismo para denotar de forma peyorativa una tontería) mía”, puesto que innegablemente mi padre fue una “Gloria Nacional”, reconocida incluso a nivel internacional.
Luego, ya liberad@ de la presión familiar, notifiqué mi decisión en el trabajo, principiando por las direcciones y subdirecciones, y finalicé con las distintas jefaturas. Dada la imagen de respeto que privaba, nadie objetó absolutamente nada y hubo tan solo uno de ellos que expresó su “admiración” por mi valentía al decirlo y mi determinación de llevarla a cabo.


El choque social

Una vez que estuve liberad@ interiormente (es otra sensación de las “más especiales” que he experimentado) de la familia, noté que todos se distanciaron de mí, lo cual a la postre ha sido bueno, puesto que le permite a un@ vivir en paz y dedicarse a lo que desea sin sacrificar tiempo y esfuerzos en atenciones a otros y seguí viviendo en la casa de mi difunta madre.
Mi madre testó a favor de todos sus hijos por igual, lo cual me ha convertido en “el guardián” del patrimonio heredado (ninguno posee el espacio necesario en su casa para colocar tanta cosa) por los hermanos.
Envalentonad@ por el éxito alcanzado en mi familia y trabajo, decidí hacer del conocimiento público mi decisión, insistiendo en “la vida de mentira que había llevado hasta entonces, porque nuestros padres no aceptarían una posición como la mía mientras estuvieran con vida” (lo cual seguramente es cierto).
Principié conversando con mis vecinos cercanos y, conforme me fui alejando de mi residencia, medité que dado el alto grado de comunicación de la sociedad con nuestro cura párroco, era muy prudente ponerlo en conocimiento a él también, lo cual hice, mediante una argumentación teológica y personal que agradeció… Me bendijo y nos despedimos renovando nuestros deseos por continuar la mutua amistad que nos une.
El menor de mis hermanos (único que profesa culto protestante en una secta neo pentecostal) y su familia viven a escasas cuadras de donde habito, por lo que llega de manera eventual cada vez que alguno de la familia “necesita algo” de la casa, y siempre me comenta que “soy el hazmerreír de todos los vecinos, que aunque no lo hagan frente de mí, se ríen a mis espaldas, y ello es vergonzoso para todos”. A mi vez yo le respondo que “ninguno de ellos me mantiene y que él no debe darse por aludido, por cuanto la decisión es mía y no daré marcha atrás solo para complacer a alguien que es incapaz de expresar su sentir de forma abierta, mientras que yo sí lo hago”.
Igualmente he notado que cuando voy por la calle o asisto a cualquier parte (un centro comercial, por ejemplo), todo mundo “me ve raro” y siempre espero que me digan algo, cosa que hasta hoy no ha sucedido, dada la seguridad en mí mism@ que proyecto. En dos o tres ocasiones (alguien que no repara de forma detallada en mi), me ha tratado como mujer, lo cual me ha halagado, y luego se disculpa de manera tonta apoyándose en el argumento de su falta de atención; en todos los casos yo les ayudo con la aceptación de su disculpa de manera inmediata diciendo: “no hay problema, soy las dos cosas” y dejo de verle, para denotar activamente que no hay algo por qué preocuparse en la situación.
Ya que nunca fui bien parecido como hombre, han de imaginar cuan fe@ soy como mujer, y es por ello que lo último que espero es impactar visualmente por mi belleza. Sin embargo, cierto día cuando iba conduciendo auto sobre una avenida citadina, hubo un desconocido que me lanzó un hermoso piropo, que yo le agradecí con un: “gracias”. Ese detalle de aquel desconocido, honestamente me hizo sentir muy bien todo el día. Creo que si se reviviera en nuestra sociedad la costumbre ya perdida de piropear a cualquiera, tendríamos un mundo mejor, cualitativamente hablando.
En la práctica me quedé sin familia, incluso mis hijas me explicaron que se alejarían de mí, por cuanto “no sabrían cómo explicarles a sus hijos mi decisión”, y creo que tienen razón; y sin amigos (excepto los vecinos cercanos con quienes nos saludamos casi a diario y han notado que lo único que está cambiado lentamente es mi cuerpo, porque yo sigo siendo el mismo de siempre, decidí buscar nuevas amistades, que me conocieran tal cual soy desde el principio.
Luego del enésimo choque con uno de mis “supuestos” jefes, renuncié a la plaza de trabajo que desempeñé durante varios años, donde todos me conocían como hombre (aunque conocieran mi decisión en cuanto a cambiar de sexo)…
Luego de dos meses de espera por una oportunidad nueva, esta llegó, y desde que me presenté a aplicar a la plaza, lo hice vistiendo ropas femeninas, lo hice del conocimiento de mi entrevistadora y ella (como buena seleccionadora del personal mejor calificado), me otorgó la oportunidad que necesitaba para que demostrara con hechos mis conocimientos (a ella mi profunda admiración y respeto, porque hizo su trabajo y se deshizo de los tabúes mentales con que seguramente fue educada).


Cauda de mi sueño

Lamentablemente, el desastre económico mundial generado por la administración del peor presidente de Estados Unidos (George Watson Bush), afectó a Guatemala y la Junta Monetaria ajustó su tasa principal y, dado que las empresas guatemaltecas siempre se endeudaban en dólares, optaron por la más simplista de las soluciones: Hacer recortes masivos de personal, siendo yo un@ de l@s trabajador@s afectad@s.
Al día siguiente, fui al banco para hacer efectivos los cheques que me habían pagado y retorné a casa, almorcé y cuando me disponía a tomar una pequeña siesta (había formado fila casi toda la mañana en las afueras del banco), me ingresó un mensaje en mi teléfono celular, donde me indicaban que: “habían denegado una operación con mi tarjeta de crédito”… me cuestioné en cuanto a la causa y, al buscar el monedero en mi bolso, verifiqué que ¡no estaba!, olvidé la siesta y me dirigí presuros@ al teléfono para bloquear todas mis cuentas…
Aquel nefasto sábado y el domingo, fueron de total incertidumbre, llanto y desesperanza, por cuanto desconocía los alcances de la pérdida.
El lunes me enteré que no solo había perdido mi salario, sino que mis exiguos ahorros habían corrido igual suerte, por lo que lloré amargamente…
Solicité caridad en público en la iglesia a donde asisto; el mismo ex compañero de trabajo que me dijo que “me admiraba por mi decisión de ser mujer” se solidarizó materialmente conmigo y, finalmente, he llegado hasta hoy haciendo acopio de todas mis fuerzas y fe en los poquísimos (casi ninguno) que creen que pretender ser mujer no es algo que no pueda lograrse, antes bien, tengo la convicción que moriré antes que cualquiera, porque la sociedad guatemalteca me ha negado el derecho a integrarme a ella de la manera honesta a que tengo derecho, negándome protección, empleo y el derecho a vivir como siempre quise…
–He constatado en carne propia que la sociedad está construida en base a prejuicios y aberraciones, y no como una estructura que garantice la mejor convivencia entre sus integrantes; y que ello, lejos de hacernos avanzar en todo sentido, nos mantiene sumidos en la ignorancia y el subdesarrollo–.
Estando a las puertas de una muerte por hambre, no por falta de conocimientos, capacidades y aptitudes sino de oportunidades ante la negativa de esta sociedad irreflexiva, tuve que “hacer concesiones” en cuanto a mi apariencia y mi supremo deseo de ser mujer, para suplicar por un empleo, que a la postre me ha servido para seguir en esta brega: en contra de las mentiras, angustias y penurias, pero que también posee algún tipo de realización personal, al vivir momentos (al menos) de verme y sentirme: mujer.
Por todo lo escrito y por su atención al leerlo, me quiero despedir de usted finalmente con la carta que dirigí a mi familia (omito los nombres en función de “respetar la vergüenza que sienten por mi decisión) y que dice:

Querida familia:
Deseo iniciar esta misiva en que les abriré mi corazón y hablaré de mis últimos deseos, con un muy profundo y muy cristiano: “los amo”. Por ello, pido perdón por todo aquello que hice en mi vida, de manera consciente e insconciente, que pudiera haberles agraviado u ofendido.
Sé positivamente que he sido todo aquello que “ninguno quiso ser”, que he hecho casi todo “lo que a nadie se le hubiera ocurrido” y he vivido una existencia completamente sui generis…, pese a ello, sé que cada cual está en este mundo para cumplir su propio plan de vida, trazado desde la Creación de Dios, aunque algunos de ustedes crean que éste (el plan de Dios) pueda “modificarse” mediante el uso del libre albedrío. Yo, personalmente creo que el libre albedrío, nos ha sido dado para que mediante él (el libre albedrío), podamos cumplir los deseos de Dios para con cada cual, y, ello lo sabe Él desde su Creación (lea y medite detenidamente Génesis 1, 16–31).
Realmente ninguno de ustedes tiene ni la más remota idea de todo cuanto tuve que reprimir para montar “el teatro” que fue mi vida, hasta que pude desmantelarlo e iniciar aquella vida que siempre quise para mí… desde mirar “con disimulo” y evitar los comentarios respecto de la ropa femenina en las vitrinas y aplacar mi deseo de vestirlas y vestir lo que querían que vistiera aunque no me gustara, hasta vivir una vida que ¡nunca quise!
Todo lo anterior es tan solo un esbozo y “una pincelada del cuadro”, por cuanto describir en pocas líneas una vida, es imposible.
Conforme me fui “acomodando” a mi vida de varón, me fui “acostumbrando” a serlo, puesto que los genitales que poseo son de dicho género; pero conforme empecé a “madurar”, los antiguos anhelos volvieron a hacer presa de mi existir y, fue entonces cuando me dediqué a estudiar al respecto; a introspectar dentro de mí y agudicé mi sentido de la autocrítica constructiva y llegué a la conclusión final que todo cuanto deseaba era: ¡ser mujer!…
El problema me planteó la disyuntiva inicial de aceptarlo o no y, posteriormente (una vez que lo acepté), cómo llevarlo a cabo, puesto que los genitales que poseo no corresponden con lo que deseo ser.
Por ello, me dediqué a “investigar” al respecto y ¡hasta entonces!, descubrí que existe una “diversidad sexual” en el mundo y que yo no era la única (perdón por referirme a mí en femenino, pero me hace sentir bien)… Para no hacer larga la descripción, les digo que soy una persona: “transgénero femenina activa”, lo cual quiere decir que: nací varón pero que vivo como mujer y en la cópula asumo el papel de varón y nunca el de mujer (realmente me siguen atrayendo las mujeres y he descubierto que también me atraen las personas transgénero femeninas pasivas –que asumen en la cópula el papel de mujer–). Lo cual me ha colocado en una “situación complicada” para encontrar pareja; por lo cual opté de manera voluntaria por el celibato, ya que conforme han pasado los años (desde mi accidente), mi “deseo” es cada vez menor y me siento bien así, al cabo mundo, cada día estoy más cerca de mi andropausia (menopausia masculina), lo cual es un proceso normal.
Dicho lo anterior, y, siendo víctima de una exclusión total (incluso de todos ustedes, menos B.H.G.*), tuve que recurrir incluso a la caridad, ante la estigmatización de que he sido objeto; incluso, hubo un par de días que ayuné de manera forzosa ante la carencia total de dinero para mi sustento (fue una de las tantas situaciones difíciles que me tocó vivir) y, ante tal situación (no por falta de capacidades y aptitudes, sino por ser víctima de las estructuras mentales obsoletas de todas las personas que me rodean) y, el futuro existencial tan incierto que se me plantea, deseo hacerles saber mis deseos, aclarando que me encuentro en el goce de todas mis capacidades y, reconociendo mi falta de medios económicos para que sean cumplidos estos mis últimos deseos:
1.    Nombro expresamente ALBACEAS de estos deseos y disposiciones a mis cuatro (4) hermanos consanguíneos o a quien(es) me sobreviva(n): B*, P*, D* y M*, todos de apellidos HM*, a quienes pido “facilitar las cosas” (llaves, acceso, indicaciones, etc.) a mis hijas.
2.    Si no he cobrado mi quinta parte de herencia familiar (en cuyo caso deberá deducirse de mi parte en favor mi hermano M* la suma de Q10,456.00 que le adeudo) o si ya lo he hecho, nombro a mis dos únicas hijas: P* y B*, ambas de apellidos HR*, como mis HEREDERAS UNIVERSALES –incluyendo la propiedad intelectual de todos mis escritos que obran en la memoria virtual de mi computadora– (50% para cada una).
3.    Excepto los arreglos de orden estrictamente legal, exijo ser amortajada y enterrada como mujer, y que en mi esquela y lápida se me identifique con el nombre que escogí como mujer: Jolie Totò Ryzanek Voldan (poner especial atención a la tilde francesa en “Totò”) y no con mi nombre de varón.
4.    Ser llevada a misa de cuerpo presente a la iglesia, preferentemente a “Nuestra Señora de Las Victorias”, ubicada en la 20 avenida 1–95 zona 1, colonia Las Victorias, previo a la inhumación de mis restos mortales.
5.    Afirmar que todo aquello que no esté previsto en estos últimos deseos y disposiciones, deberá ser resuelto acorde a la voluntad de mis dos hijas y no a otro tipo de razones y/o circunstancias.
En razón de tener dos nombres, calzo la presente con mis dos [N/A: adrede omití mi firma y nombre de varón] firmas digitalizadas:

f) Jolie 
Jolie Totò Ryzanek Voldan.




Epílogo

Deseo felicitarle si ha llegado hasta aquí, porque la cultura de la lectura se ha ido perdiendo en la sociedad contemporánea y tiende a desaparecer a nivel mundial por la “ley del menor esfuerzo” prevaleciente en nuestras sociedades consumistas e individualistas. Ello es una de las razones más sustantivas para afirmar que el estancamiento cultural y educativo de nuestros países es debido al poco esfuerzo que hacen las personas por conocer otros puntos de vista que, cuando menos, le darán a conocer su existencia y enfocan sus metas únicamente en la obtención de los bienes materiales que otorgan un mejor estatus social a ojos de otros; mientras la inmensa mayoría de nuestra población permanece sumida en la ignorancia y engrosa el número de personas excluidas y marginadas por la sociedad y, consecuentemente, son víctimas de la criminal discriminación abierta y peyorativa que sufre de manera endémica la diversidad sexual en Guatemala
Es realmente monstruoso lo que acontece con la Educación en nuestros países tercermundistas, ya que se afirma que “alguien es alfabeto, si sabe leer y escribir”, aunque no comprenda lo que significan los símbolos que escribió o no capte el sentido correcto y/o completo (además de las implicaciones que pudieran derivarse de lo leído).
Por lo anterior, le invito a que profundice en el contenido conceptual de la presente autobiografía y sus implicaciones; precisamente por estar enmarcada dentro de la “temática tabú” censurada por la mayoría de las mentes, que se niegan a creer que eventualmente pudiera existir un tercer sexo, que posea características masculinas y femeninas de manera simultánea, tal cual ha sido mi vida.

Cariñosamente,

Jolie Totò Ryzanek Voldan.


2 comentarios:

  1. Excelente escritura, quiza no soy muy asiduo lector pero esta lectura es de las que me llaman la atención... slds.

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    1. Muchas gracias por sus conceptuosas palabras hacia mi manera de escribir. Aprecio su comentario en grado sumo.
      Quisiera consultarle ¿Cuál es el significado de las letras: "slds"? escritas al final de su comentario.
      Atentamente,
      Jolie.

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