lunes, 28 de octubre de 2013

Decisiones (teatro escolar) (20100829)

Decisiones
(Teatro escolar)

Trama inspirada en la novela de Lily Aguirre: estigma, Editorial Landívar, Guatemala, 23 de diciembre de 1957.

Nota importante:
Teniendo en cuenta que es una obra escolar que se montará el año de 2010, que debe pertenecer al género literario del drama y no será representada por actrices y actores profesionales ni en un teatro, la presente no es una mera adaptación de la novela en cuestión, es, antes bien, una historia que pretende poner de manifiesto las decisiones que se pueden tomar para salir airosa ante los valladares y paradigmas mentales que la protagonista debe vencer dentro del contexto de un conglomerado cargado de prejuicios.

PERSONAJES:
Voz en off              narradora
Conchita                 protagonista
Doña Fifina             madre de Conchita
Pepe                      primer novio de Conchita
Henry                    esposo de Conchita
Dick                       amigo de Henry
Doña Marta             madrina de Conchita

AMBIENTACIÓN:
Un extremo del escenario será implementado como una sala de casa. El centro del escenario estará completamente vacío (para que en ese sitio se desarrollen todas las acciones que son fuera de casa). El otro extremo parecerá un dormitorio.


Voz en off     La sociedad guatemalteca contemporánea tiende a discriminar a las personas por diferentes causas, entre las que se incluyen los apellidos, que determinan si se es indígena o no; si se es hijo de matrimonio o si se es hijo de madre soltera, etcétera.
La historia que verán es la de una muchacha que es hija de una madre soltera, y los obstáculos que tiene que vencer para ser integrarse a una sociedad ultraconservadora, cargada de prejuicios y con muchos paradigmas mentales que, finalmente, dejan mucho que desear de quienes los practican y llevan a cabo, aunque se confiesen: “cristianos”, porque en la práctica: no aman a su prójimo como a sí mismo.

En la sala de la casa de Conchita se encuentra doña Fifina y llega Conchita

Conchita        ¡Fíjese mamaíta que me voy a casar!

Doña Fifina    (con tono socarrón) ¡Ya era hora que se decidiera Pepe!, y, ¿cuándo piensan casarse?

Conchita        No mama, no me casaré con Pepe… sino ¡con el amor de mi vida que he conocido hoy mismo!

Doña Fifina    (alarmada) ¡Hay Dios mío! ¿Qué le estará pasando a mi niña?

Conchita        No mami (recostándose en su regazo), déjeme que le cuente y ya verá que las cosas no son para que se asuste tanto… Sucede que hoy que fui a la casa de Clara me piropeó un hombre que, aunque es mayor, lo fleché de inmediato, platicamos y me dijo que sus intenciones eran buenas para conmigo, tanto así que luego de sentarnos en el parque me suplicó que le dijera mi nombre y yo se lo dije…, me dijo que se llamaba Henry, que era gringo, que era su primer día como diplomático jubilado y que había tenido la dicha de haberse topado conmigo, que yo inmediatamente le había robado el corazón, y que lo que más deseaba en esta vida era compartir su vida conmigo (suspiro), ¡viera que montón de cosas bellas y hermosas me dijo!

Doña Fifina    (melancólica) ¡Hay mi’ja! Y la gente qué va a decir de ti luego de verte por años de novia de Pepe, que es de tan buena familia…

Conchita        (socarrona) ¡buena familia!… (enojada) ¡ja!, ¡buena para nada bueno! Con decirle que por eso precisamente rompí mi compromiso con Pepe, ya que la tal familia no mira con buenos ojos que yo sea su novia y menos su esposa; porque yo llevo solo su apellido, que saben que no tengo papá y que para colmo de todo su papá ya está en presencia del Señor (santiguándose) ¡que Dios lo acoja en su seno!

Doña Fifina    Pero si eso ya lo sabía Pepe y seguro que ya le habrá contado a su familia que tu papá se perdió en México hace muchos años, incluso antes que tu nacieras y por eso nos venimos a vivir a La Antigua Guatemala… buscando paz y tranquilidad, además de un lugar donde nadie nos conociera, para que nadie dijera nada

Conchita        (en tono lastimero) ¡Hay mami! ¿Usted en qué mundo vive?, si todo el pueblo no deja de hablar de mi noviazgo con Pepe, que es de buena familia, y yo que no tengo a nadie más que a usted por familia, que usted es la costurera del pueblo y que aparte de la casa esta que nos dejó el abuelo no tenemos nada… y (enojada) ¡hoy Clara me invitó a su casa para que Pepe me hablara sin que nadie nos viera!… Y ¿sabe? El tal Pepe me dijo que pospusiéramos nuestro matrimonio por unos años, mientras él se iba a estudiar a Europa y que luego, ya graduado, lo podríamos hacer, (burlescamente) ¡porque su familia así lo quería!, ¿sabe?, yo no lo pensé dos veces, porque aunque lo quiero, (enojada) ¡no voy a ser la pelele de esa familia! Y le dije que cuando él volviera yo ya estaría ¡vieja o casada!, pero que no me importaba el pretexto que se inventara él o su familia, porque el hecho que yo solo la tenga a usted y su apellido, no quiere decir que hagan conmigo lo que se les dé la gana, (explicando) di la vuelta y me vine a la casa.

Voz en off     Lo que Conchita no dijo a su madre fue que aunque Pepe la quiso detener, ella, en su enojo, estaba literalmente: “hecha pedazos”, porque el hombre que amaba era un títere de los deseos de su familia, que por ser adinerada gozaba de una posición envidiable en los círculos sociales antigüeños. Tampoco dijo que al salir de la casa de Clara se fue a vagar por la calle de La Alameda y que fue allí, precisamente, donde se cruzó con Henry y este al verla sola y tan linda como era, no vaciló en acercarse para intentar conocerla, lo cual consiguió al aceptar la bella damisela los piropos que le decía él, mientras en la mente de aquella linda mujer se fraguaba un siniestro plan que le permitiría vengarse de Pepe y largarse lejos de aquel pueblo cochino e indecente (según su pensamiento de aquel momento) –lejos estaba el gringo incauto de prever que, a partir de ese momento, sería usado como “trampolín de escape” por aquella dama de porte angelical–. Aquella lindísima mujer por fuera, pensaba y actuaba a la velocidad del rayo y, sabedora de todos sus atractivos, sacó lo mejor de sí para envolver completamente a aquel desconocido caballero que, con gran prestancia y porte era su interlocutor. Conchita tampoco dijo que buscando el desahogo de sus penas, convirtió aquel momento de vagancia en un “ahora es cuando me toca a mí” y lo fraguó a velocidad indescriptible, llevando a su víctima paso a paso hasta el final de La Alameda, luego hacia el parque, donde se acomodaron por largo rato en una de sus bancas, y luego, ya cuando el gringo estaba loco por ella, lo invitó a que la acompañara a la puerta de su casa donde el tonto personaje le dijo al despedirse que lo mejor que le había ocurrido en la vida, aparte de hacer una gran fortuna, había sido conocerla y que solicitaba poder verla nuevamente, a lo cual ella accedió invitándolo a cenar la noche siguiente, a las ocho de la noche, para que conociera a su madre y pudiera charlar con ella respecto del futuro de ambos, le dio un tierno beso y el hombre quedó de una pieza en la puerta diciendo: yes my darling, yes my darling.

En el dormitorio

Voz en off     Aquella noche Conchita, ya sola en su dormitorio meditaba:

Conchita        Ya que el pusilánime de Pepe está visto que es un bueno para nada y me tuvo engañada todos estos años con flores, regalos, cartas y papelitos, le voy a demostrar que con la dignidad de una mujer verdadera (enojada) ¡no se juega!, me voy a casar con este gringo adinerado y así podré hacer lo que quiera y tener otro apellido… (sollozando) cómo pude ser tan tonta de desperdiciar mi tiempo con Pepe (empieza a romper cartas, fotos, desechar recuerdos, etc.), siendo yo la chica más linda de este pueblo… ¡ah! Qué pueblo más ingrato con la gente, ¡¿De qué les sirve ir a la iglesia y ofrendar bastante, si cuando salen son unos verdaderos envidiosos y egoístas?!… ¡Qué Dios tenga misericordia de ellos!

Voz en off     Aquella larga noche, entre sollozos y suspiros, Conchita dio rienda suelta a toda su cólera, murmurando para no ser escuchada, tiró al cesto de basura todo aquello que le ataba al pasado… se propuso iniciar una nueva vida con aquel norteamericano de ojos color de acero y dulce mirar; aquel hombre que le doblaba la edad y que bondadosamente le tendió la mano en el momento más oportuno y no le importó nada que no fuera ella. Así que con el transcurso de las horas entre sollozos, cabeceos de sueño, adormilamientos, cólera y punzantes pensamientos, trazó mentalmente el plan de su venganza, de su reivindicación, ¡y la conquista que haría del mundo que anhelaba!… Apenas alboreaba la aurora cuando recordó que no le había dicho a su madre que su futuro esposo llegaría a cenar esa noche para conocerla y hablar del futuro de ambos como matrimonio; ¡Había que hacer los arreglos del caso para recibirlo adecuadamente!, saltó de la cama y presurosa fue a despertar a su madre para contarle.
Conchita        Mami linda, ayer a causa de la emoción que me embargaba se me olvidó contarle que Henry vendrá a cenar a casa a las 8 de la noche para conocerla y pedir mi mano en matrimonio

Doña Fifina    Bueno, voy a revisar qué me falta y le prepararé una buena cena, eso sí, necesitaré que me ayudes a prepararla, ¿quieres?

Conchita        ¡Claro mama!, ¿acaso no cree que sea mi deseo que se luzca?

 Voz en off    A partir de aquel momento doña Fifina se afanó en preparar la carne, las verduras, preparar una ensalada y hasta hizo un postre para mantenerse completamente ocupada y así disimular el terror que le provocaba saber que tendría que confesar a su futuro yerno aquel secreto que tan celosamente había guardado.

Entrando y acomodándose en la sala

Doña Fifina    Pase adelante y acomódese por favor

Henry           Vaya que es una excelente cocinera doña Fifina, la cena estuvo ¡delicius! Y como Conchita le habrá contado nos hemos enamorado y deseo pedirle me conceda el honor de desposarla para hacerla mi mujer ¿Qué decir?

Conchita        Perdón por retirarme, pero sucede que debo ir a polvearme la nariz, y mientras, ustedes podrán platicar más cómodamente, ¿les parece?

Henry           Yes darling

Conchita se retira

Henry           ¿Me iba a decir señora?

Doña Fifina    Bueno, en esta vida hay cosas que una se debe guardar y usted comprenderá que si se las voy a decir es porque es justo que las sepa por mí y que posteriormente no diga que le hemos ocultado la verdad, al fin y al cabo ustedes son los que se quieren y mal haría yo en negarle a mi hija que persiga la felicidad que tanto ha esperado y que no ha conseguido… espero que usted sea capaz de dársela, porque ella, mejor que nadie se la merece…

Henry           ¡Claro señora! Mi tener una buena posición y el tiempo necesario para bridarlo todo a su hija, aparte del dinero necesario para viajar por el mundo y comprar lo que su hija desee

Doña Fifina    ¿Cuándo piensan casarse?

Henry           A inicios del próximo mes, mi solo tener que avisar a la embajada y comprar los regalos de su hija y estar listo

Doña Fifina    (escandalizada) ¡Válgame Dios!, ¡No me daría tiempo a hacer el vestido de mi hija!

Henry           Bueno, entonces que sea para fin del mes entrante. Usted solo dígame que necesitar y yo comprarlo todo mañana mismo

Doña Fifina    (apenada) Bueno, si ese es su deseo, así será. Mañana mismo le entrego la lista, tenga la bondad de venir mañana temprano por ella.

Henry           (entusiasmado) ¡De acuerdo!

Voz en off     Doña Fifina se armó entonces de valor y le confesó a Henry que Conchita era su única hija y su más preciado tesoro, que era una chica consentida y acostumbrada a tener todo lo que quería, porque doña Fifina sabía que su hija era el resultado de un desborde de pasión que ella tuvo con aquel que fue el amor de su vida y que en un momento de locura y falta de raciocinio pasó a más con su novio, quien luego de ello le contó que lo habían trasladado en el trabajo y no supo nunca más de él… ¡Aquel a quien tanto quiso solamente la engañó! Su padre, como buen médico, al darse cuenta del embarazo cerró su clínica, vendió cuanto poseía y tomando a su hija se vino a vivir a La Antigua, buscando el sosiego de su alma y poder dar la protección que necesitaba su hija, pero el destino cruel le había marcado con la desgracia de contraer un cáncer fulminante que, en poco tiempo le llevó a la tumba. Por ello, doña Fifina quedó sola con su hija en un país extraño y contó tan solo con la ayuda de algunas empleadas eventuales que le ayudaron a criar a su hija y a esparcir la habladuría de la madre soltera por todo el pueblo… todo lo cual doña Fifina guardaba celosamente y nunca comentó con nadie, ¡ni Conchita lo sabía!

Fin del primer acto

Voz en off     Como Henry era protestante y Conchita católica, la boda se realizó en la casa de doña Fifina, se invitó a cuanta gente se le ocurrió a todos y los asistentes llenaron por completo la casa, pese a ello, hubo comida y bebida suficiente para todos, pues Henry era por naturaleza un desconsiderado para gastar el dinero… muchos pensaron que lo hacía por ser presumido y gastar hasta lo que no tenía. Pocos sabían que en realidad Henry era un verdadero millonario y que al final de cuentas ¡lo que menos le faltaba era dinero!… En fin, al día siguiente llegó una limosina enorme por los esposos, para llevarlos a Guatemala, donde abordarían un avión para irse de viaje de bodas a ¡Estados Unidos y Europa! Para que Conchita conociera a su nueva familia y tuviera la oportunidad de conocer todo cuanto quisiera, ¡y por el tiempo que quisiera!… Finalmente, dispusieron fijar su lugar de residencia en París, la ciudad del amor, del arte y de la belleza, donde Conchita tenía acceso a cuanto quería y a asistir a cuanto evento cultural deseara, lo cual incluyó el rozarse con la crema y nata de la sociedad parisina, quienes no dudaron en invitar a la pareja a cenas, banquetes y bufetes, con lo cual la pareja mantenía una agenda de compromisos sociales que les dejaba tan extenuados que cuando retornaban a su casa, iban directamente a dormir unas pocas horas, porque luego deberían arreglarse nuevamente para salir al siguiente compromiso social (era realmente una vida social exageradamente intensa). Lo que sí es cierto es que doquiera que Conchita se presentaba, acaparaba la atención de todos por su porte, su belleza y su cultura general… de Henry, ni hablar, ¡era un diplomático de carrera! Durante el baile de una de tantas recepciones, Conchita observó que un individuo muy bien parecido no despegaba sus ojos de ella y, aunque bailaba con Henry, no podía dejar de sentir el estremecimiento que le producía aquella mirada tan especial, por lo que sintiéndose incómoda, pidió a su esposo salir a tomar un poco el aire fresco de la noche y, se encaminó directamente hacia donde estaba el responsable de su incomodidad, quien al notar la maniobra, se encaminó hacia ellos y

Dick             (saludando) ¡Hola Henry!, ¡Cuánto tiempo sin saber nada de ti!

Henry           (deteniéndose) Dick, te presento a mi esposa Conchita, es de Guatemala, y nos dirigimos a tomar un poco de aire fresco, ¿nos acompañas?

Conchita        (saludando) mucho gusto… ¿hace mucho que se conocen?

Dick             ¡Desde niños! Y, ¿sabe? Henry me enseñó todo lo que sé y, por si fuera poco, me colocó en el servicio diplomático poco antes de su retiro ¡realmente es el mentor de mi vida!, aparte de mi mejor amigo.

Voz en off     Conchita no pudo evitar continuar la conversación en el balcón, mientras Henry le acompañaba solícitamente y escuchaba la amena charla de su esposa con el amigo. En la cual, y como de costumbre, Conchita fue la voz cantante que acaparó la atención de ambos con sus bromas oportunas, sus directas observaciones, su femenil gracia, cortesía y buenos modales… Las horas pasaron y la música cesó, marcando el final de la recepción, mientras ellos seguían en el balcón en amena charla y tuvieron que forzar la despedida, porque de no hacerlo, ¡hubieran amanecido conversando!… cuando iban rumbo a su casa, Conchita platicó con Henry así:

Todo lo que sigue es en off (hasta que se escriba lo contrario)

 Conchita       Henry: desde hace tiempo he notado que ambos vivimos cansados por tanto desvelo y que nuestras vidas transcurren al revés, porque dormimos de día y estamos despiertos de noche, ¿te has dado cuenta?

Henry           ¡Claro!, y sí es cierto, ya que todo cuanto he hecho ha sido por complacerte, pero hoy sí que te has divertido con Dick ¿no?

Conchita        Sí, pero no me cambies el tema por favor, ya que lo que en realidad quiero decirte es que te veo cansado y yo lo estoy también, así que quisiera alejarme un poco de todo esto y tomarme un buen descanso ¿si?

Henry           Sabes, yo te lo he querido decir desde hace tiempo, pero como parecías ser tan feliz con esa manera alocada de vivir, no quise romper el encanto

Conchita        Hay cielo, tú siempre tan complaciente conmigo. Pero hoy sí, ¡ya no aceptaremos compromisos ni invitaciones para nada! Y cuando hayamos concluido con todo, nos iremos a descansar por una temporada a la costa francesa ¿te parece?

Henry           Yes darling

Conchita        Ves, por eso no te cambio y, aunque no hemos tenido hijos, quiero decirte que me has hecho muy feliz, ¡gracias querido! (sonido de beso)

Voz en off     Una vez que hubieron concluido la agenda social pendiente, se fueron al mejor hotel de la Riviera francesa y se dedicaron a dormir, a comer y descansar… hasta que cierta mañana Conchita se despertó al escuchar un fuerte gemido que decía:

Henry           (con voz de alguien que está muy enfermo) Conchita, my Darling, I love you

Voz en off     Hubo un momento de silencio y Conchita al voltear a ver a su esposo, notó que ya no respiraba y que estaba palideciendo rápidamente… ¡Henry había muerto!

Conchita        (gritando de dolor) ¡¡¡Nooo!!!

Voz en off     Aquella triste mañana, Conchita no tuvo más remedio que llorar y avisar a la familia que Henry había muerto… Y luego de las exequias, decidió volver a Guatemala, porque al igual que cuando conoció a Henry, no quería tener nada que se lo recordase, porque aunque no lo quiso como esposa, sí lo llegó a querer entrañablemente y cualquier cosa era suficiente para que ella rompiera en llanto. A su llegada a Guatemala, al salir del aeropuerto, notó que una anciana le hacía señas y se dirigía hacia ella con los brazos extendidos a abrazarla y

Final del off

Doña Marta   ¡Mi’ja linda!, ¡bienvenida a Guatemala!, espero que hora que estás por acá te quedes unos días en mi casa ¿recuerdas que me lo prometiste en una de tus cartas?

Conchita        ¡Claro madrina!, hoy sí le cumpliré, porque lo prometido es deuda. Trajo carro o nos vamos en taxi

Doña Marta   ¿Ves cómo pasan los años?, a mi edad ya no me dan licencia y luego ¿para qué la quiero, si ya vendí mi carro?, así que ¡vámonos en taxi, yo lo pago!, porque tú no dejas que tu madrina haga algo por ti y, al fin y al cabo yo sí sé cuánto es lo que cobran.

Conchita        Ay mi madrina, nunca cambiará ¿verdad?

Doña Marta   Lo que pasa chula es que cuando te ven tan elegante y tan bonita se quieren aprovechar y… ¡más cuando ven ese volcán de maletas que traes!

Conchita        No se preocupe madrina las maletas esas (señalando) no son mías, así que yo vengo sola con mi bolso de mano ¿ve? Mis maletas vienen en el vuelo de carga porque es más barato ¿ya ve que no se me ha olvidado cómo somos las de Guatemala? Ja, ja, ja

Entrando al área vacía

Doña Marta   Mi’jita, ¿Qué piensas hacer ahora que ya estás de vuelta en tu país?

Conchita        Pues luego de pasar unos días con usted, me iré a vivir con mi mami, a La Antigua Guatemala, porque como ya sabe, los bocinazos que se oyen en las calles del centro de guate, realmente no le dejan paz a una

Doña Marta   Tienes razón, ¡a mí eso ya me tiene cansada!, pero creo que después de tantos años de oírlo, creo que me harían falta.


Fin del segundo acto

Voz en off     El tiempo pasó y Conchita se quedó a vivir con su madre, doña Fifina, en La Antigua, hasta que cierto día un personaje sucio y desgreñado tocó a la puerta de la casa mientras las mujeres estaban cosiendo en la sala y

Sonido de cuando alguien llama a una puerta


Conchita        (incorporándose de la silla) Yo voy a ver mama.

Doña Fifina    Bueno.

Conchita        (al abrir la puerta) ¿Qué desea señor?

Pepe            ¡Conchita! ¡Nunca pude olvidarte!

Conchita        (sorprendida y asustada) ¿Pepe?

Pepe            Sí Conchita, mira cómo paré por tu amor…

Interrumpiendo

Conchita        ¡Ah no!, a mí no me vengas con esos cuentos (socarronamente) de que por mi amor, ya me habían contado que andabas por ahí, metido en problemas de drogas, pero si vienes para que te regale algo estás mal, porque ahora compruebo que hice bien al no casarme contigo ¡sería la mujer de un drogadicto!

Pepe            No Conchita, yo jamás pude olvidar que me rechazaste porque no hice lo que querías sino lo que mi familia quería y, ciertamente estuve en Francia, igual que tú, pero pese a que te busqué, nunca te encontré

Interrumpiendo

Conchita        ¡Gracias a Dios!

Pepe            Pero lo que es cierto de todo es que no me concentraba en los estudios, y empecé a rendir cada día menos, hasta que alguien me dijo que probara un poquito y que viera como era de bueno estar un tiempo fuera de todo y sin tener que pensar en nada y yo, pensando que ello me haría olvidarte, lo probé y… ¡no sirvió de nada!, tu imagen vino con más fuerza a mis ojos y como un loco corrí para huir de ti

Interrumpiendo

Conchita        (enojada) ¡Claro! Como cuando huías de mí por ir a estudiar a Europa ¿recuerdas?

Pepe            No, la cosa no es así, lo que sucedió es que… es que, es que…

Conchita        (enojada) ¿Ves? Por eso te dejé, porque como hombre nunca supiste hacer aprecio de mí y mi amor por ti, jamás pudiste tomar una decisión sin que tu familia te la ordenara y luego vienes a tratar de justificar tu vicio conmigo diciendo que fue por causa mía. No Pepe, yo no te dije que probaras un poquito de nada, fue la primera decisión que tomaste y la tomaste mal, porque te equivocaste, porque no estaba tu familia para ordenarte que hacer, porque un hombre es aquel que respeta lo que dice y promete, el que hace aprecio de la mujer que ama, el que reconoce sus errores y los enmienda. ¿Has hecho tú algo parecido? No Pepe, eres lo que quisiste ser y no otra cosa, así que no vengas ahora con el cuento que fue por mi amor, fueron tus malas decisiones

Sin decir más, Pepe da la vuelta y se retira en silencio

Voz en off     Aquel apuesto muchacho de antaño tuvo que reconocer su vergüenza ante los argumentos de una mujer que sí supo tomar decisiones adecuadas a sus circunstancias y que, aunque no fueron las mejores, supo mantener los valores de respeto inherentes a la dignidad de las personas.


Fin

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