miércoles, 30 de octubre de 2013

Nacer es empezar a morir (20050129)

---------------------------------5,083 caracteres----------------------

ORIFICIO


Nacer es empezar a morir

Jolie Totò Ryzanek Voldan


Conforme avanza el tiempo y nuestra vida, más tarde o más temprano, vamos dimensionando de diferentes maneras la aseveración que titula el presente, surgiéndonos inquietudes existenciales, en cuanto a que la hora del fin de nuestra existencia, se acerca inexorablemente.
Lo anterior desata consecuentemente muchas posiciones y los más disímiles puntos de vista que, para efectos del presente, dividiremos en dos grandes grupos para describir su contenido esencial, y nos adentremos “un poco” en su conocimiento y en las consecuencias existenciales que generan, pretendiendo con lo anterior, ayudar de mejor manera –en el mejor de los casos- a otros, o sostener y fomentar un crítico y sano razonamiento de altura.
Inicialmente pensaremos en aquellos que afirman –con bases o sin ellas- (los ateos y los seguidores de algunas religiones orientales) que no existe algo o nada más allá de la existencia terrena.
Estas personas -al igual que todos en el mundo- poseen con dicha manera de pensar ventajas y desventajas, que describiremos a continuación:
Como poseen la concepción que no hay nada o algo después de la muerte, se ocupan tan solo, de las cosas de este mundo, puesto que no existe nada fuera de él; consecuentemente se dan dos maneras de enfrentar la vida, -aunque generalmente una mezcla de ambas-.
Hay quienes toman la vida que poseen para “hacer el bién a su mejor entender”, y los hay otros, que toman la vida para hacer “cuanto les venga en gana”, ya que después de esta vida no hay algo o nada que les pueda censurar o premiar por aquello que hicieron durante ella ¡con todo cuanto la aseveración implica!, generándose finalmente un inmenso vacío existencial.
Pero también habemos otros (yo me incluyo en ellos) que, creemos que hay algo y alguien después de la muerte, que nos censurará y/o nos premiará por nuestro actuar en esta vida terrena.
Derivando en “un temor de Dios” (por decirlo de alguna manera) que intento compartir, siempre bajo la premisa que debe ser visto como resultado de profundas deliberaciones existenciales y que, finalmente, sirven para moldear pensamientos y acciones de la vida terrena.
Ciertamente los americanos que heredamos de los conquistadores españoles una herencia católica y, por desinformación, negligencia o una mezcla de ambas, no nos hemos actualizado en cuanto a nuestras creencias. Tomamos una posición displicente en cuanto a que “ya ha sido dicho todo y no hay nada que cambiar”. Lo cual es una verdad a medias, por cuanto si todo en este mundo –creado por Dios- evoluciona, la religión no es la excepción, por situarse dentro del mismo contexto evolutivo en que Dios nos situó.
“Los conservadores religiosos” afirman que, deberíamos “conservar la fe y las costumbres”, tal y como nos fueron transmitidas por nuestros ancestros de siglos pasados... ¿en qué época nos desean situar?, para que de esa forma, nos conduzcamos como individuos y como sociedad, ¿acaso no es cierto que la mayoría de las sectas protestantes nos desearían situar en el contexto de la sociedad judía descrita en el Antiguo Testamento de la Biblia?... ¿acaso no es cierto, también, que para la mayoría de creyentes católicos “conservadores”, deberíamos retornar a la época del monacato y vivir en monasterios “alejados de las tentaciones del mundo y de la carne”, saliendo tan solo a “mezclarnos con la muchedumbre” cuando saquemos alguna imagen en procesión como “penitencia”, “para demostrar nuestra fe” y finalmente para demostrar que somos más numerosos que los “infieles”?... ¡vaya, vaya, como que las creencias aprendidas tienen algo malo!, ¿o no?
Lo que es real, es que la mayoría de americanos, nos confesamos “cristianos” y por ende “decimos” creer en Cristo y su Evangelio (Buena Nueva)... y ¿qué Buena Nueva es esa de vivir en otro tipo de época y sociedad que nos impide acercarnos cada vez más a Dios?, ¿cómo es posible que haya quienes deseen vivir torturados o alejados de sus congéneres y las necesidades de ellos, para “demostrarle” a Dios que son pecadores e imperfectos?... ¿se equivocaría Dios al habernos hecho así de pecadores e imperfectos?, o ¿seremos nosotros quienes no hemos terminado de “entender” el significado correcto de “la creación, la misericordia y la resurrección”?
Por todo lo anterior, hemos de concluir que ciertamente Dios “no se equivocó” al hacernos imperfectos, sino que antes bién nos hizo de esa manera, con el objetivo claro que empleáramos la libertad misma con que nos dotó igualmente, en beneficio de nuestra propia superación, ¡como grupo y no solamente como individuos aislados los unos de los otros!
Para ello nos dotó de un cerebro con la capacidad de pensar y razonar en los demás antes que en nosotros mismos, por cuanto en caso contrario, es más que seguro que la creación de Dios, hace tiempo que ya no existiría, precisamente cuando hubiese muerto el último que hubiese sobrevivido, individualmente, ¡por anteponerse a los demás!
Adicionalmente, “el temor de Dios” no consiste en “tenerle miedo”, antes bien es respeto amoroso –porque Él nos ha amado siempre-, tanto así que “envió a su hijo unigénito a nosotros para nuestra salvación”; porque ese mismo Hijo unigénito “no vino a abolir la ley, sino a perfeccionarla y llevarla a su plenitud”, porque nos enseñó que “vino a este mundo para que tuviésemos vida y vida en abundancia”, porque prometió “estar con nosotros hasta la consumación de los tiempos”, porque “no es a nosotros quienes nos corresponde conocer los tiempos del Padre” y porque finalmente, seremos juzgados “por nuestras obras y no por nuestra fe”.
Todo lo cual nos brinda una cátedra de amor y de esperanza para esta vida y para cuando estemos en el siguiente eslabón de la cadena que Él concibió para todos y cada uno de nosotros. Consecuentemente, NO DEBEMOS temerle a la muerte, ya que sabemos que estaremos en ese instante, “un poco más cerca” de Dios, de lo que estamos ahora.

Lo único que debemos hacer mientras tanto es ser sembradores de esa esperanza, mediante el amor, hecho obras, “a nuestros prójimos como a nosotros mismos”... Después ¡estaremos en la eternidad!

No hay comentarios:

Publicar un comentario