lunes, 10 de agosto de 2015

Editorial 2 (20150811)

Editorial

Repensando la PNC

Vivir en Guatemala se ha hecho como estar esperando a que suceda lo inconcebible, puesto que resulta increíble a ojos de cualquiera, que agentes de la Policía Nacional Civil (PNC) hayan sido capturados como parte de una estructura dedicada al narcotráfico, cuando son los llamados a controlarlas.
Pero la pregunta es ¿Por qué suceden estas cosas? En tal sentido encontramos que estos agentes han sido reclutados por su baja formación moral y académica, su necesidad de dinero en una sociedad cada vez más competitiva, y por qué no decirlo, porque obedecen órdenes superiores que deben cumplir…
El asunto no es que haya algunos elementos malos, sino cómo saber en quién confiar y en quién no. Es un problema que sienta un pésimo precedente. Del desgaste que estas situaciones provocan a lo interno de la institución, del gobierno y entre toda la población.
Se viene a caer en cuenta que aquello que estaba concebido para resguardarnos se ha tornado en contra nuestra y nos ataca amparándose en la autoridad que hemos depositado en ellos, por lo que es imperativo no solo hablar de las falencias, sino adoptar una posición propositiva.
Al respecto, es bueno tener en cuenta las causas que, como ya se ha apuntado, van mucho más allá de una mera depuración que suele hacerse en este tipo de casos, puesto que aunque hay de expulsar a los malos elementos, también hemos de reconocer que no todos son malos y que algunos, si no la mayoría, son elementos que sí cumplen con su deber y están imbuidos de los valores morales que deben profesar en el desarrollo de su misión. Porque ser policía es una especie de lotería en Guatemala, porque el salir a la calle uniformado te identifica claramente como el primer blanco a neutralizar por los delincuentes, como el alguien que hay que esperar a que ya no te vea para cometer un delito, como la persona que no puede acercarse hacia el sitio donde se cometerá un delito, etc.

Habrá que pensar seriamente lo que haremos para rescatar esta institución del estado de desconfianza que ahora genera entre la población, siendo conscientes que los esfuerzos e inversión en ella deberán redoblarse, para dotarles de salarios acordes a los riesgos que toman, para dotarles de mejor equipo, para formarlos mejor, para investigar su procedencia y lograr tener la institución que todos necesitamos. 

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